Siempre es allí

Siempre es allí

Nada más abrir los ojos me encontré allí.

  • ¿Donde es allí?
  • El mal llamado mundo real.

Siempre es Allí.

Abro los ojos, son las siete y treinta y cuatro. No me hace falta mirar ningún reloj, se que es esa hora, siempre me despierto en el mismo momento. Me levanto por inercia. Engullo el desayuno mientras mi mente ya navega varias horas por delante. Mi mente y mi cuerpo nunca han ido a la misma velocidad.

Cuando era joven mi cuerpo siempre iba en cabeza, mi yo interior le seguía receloso y un tanto adormecido, aunque siempre acababa sucumbiendo al baño de hormonas y adrenalina en que mi cerebro se zambullía embriagadoramente.

Ahora, en la madurez (odio esa palabra), es mi mente la que viaja a una velocidad insospechada dejando muy atrás un cuerpo que empieza a denotar el paso del tiempo.

Se que una amistosa conjunción de ambos es clave para vivir una vida plena y demás estupideces proclamadas a los cuatro vientos por abanderados de la vida sana y gente ociosa que se entretiene en intentar recrear el efecto mariposa mientras miran las imágenes del Sports Illustrated.

Una página una tormenta, otra página un huracan, una más . . . que se yo, sólo quiero ver el mundo congelarse.

Aún así, consigo centrarme, traigo mi yo insustancial a este plano y me esfuerzo por seguir aquí el tiempo suficiente para parecer normal. Para alguien como yo la Ingeniería Social lo es todo. Ella me dice como comportarme en la mayoría de las ocasiones. Sólo tengo que ver el proceder de mis semejantes y repetir patrones.

Suena facil, es complicado. Mis sentimientos de amor deberían hacerlo todo más facil, el problema es que sólo amo a un reducido grupo de personas. Odio a muchas más, y el resto me son completamente indiferentes. Son como maniquies en un escaparate, como los peatones de un GTA. Anodinos, banales y desgraciadamente necesarios para mantener un cierto (des)equilibrio en la naturaleza . . . como las moscas, e igualmente que ellas tediosamente insoportables.

Noto que vuelvo a elevarme, no, ahora no puedo, concéntrate, sólo un poco más.

De vuelta, ¿Cuánto tiempo ha pasado? No estoy seguro, miro el reloj pero no se a que hora me fuí, así que las agujas no me dan ninguna información válida.

Noto que tengo hambre ¿Tanto tiempo he estado fuera? Miro en derredor y compruebo con un leve sobresalto que estoy en la oficina, sentado ante la pantalla de mi ordenador. De un vistazo compruebo que mi piloto automático ha funcionado en el trabajo mucho mejor que cuando lo hago yo.

Debo bajar a la calle, necesito despejarme, -en el ascensor dos tipos hablan de impuestos- siento su cháchara martilleando mi cabeza, números sin sentido se agolpan en mis oidos mientras desciendo los catorce pisos encerrado con esos imbéciles en apenas un metro cuadrádo. No puedo huir, así que me dedico a inspeccionarlos, traje barato, colonia cara y zapatos desgastados. No son lo que quieren aparentar, no son lo que les gustaría ser.

Al menos ellos tienen un modelo a seguir, aunque sea el de un manoseado artículo de MAN de hace al menos quince años.

Las puertas se abren, me apresuro a salir antes que los desastrados remedos de MadMen, inspiro aire profundamente.

Está frio y tiene un cierto regusto dulzón, como a palomitas con mantequilla, o a chicle, o a muerto. Toso violentamente y una arcada pugna por salir, la contengo a duras penas. Noto como mi yo mental tira de mi.

Esta vez no ofrezco resistencia.

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